Granada Eterna

La primera gramática Árabe-Española

Granada Medieval. Por "Mabel Villagra"

La primera gramática Árabe-Española

Tras la conquista de Granada, las Capitulaciones que reconocían la religión islámica y el uso de la lengua árabe sin coacciones se mantuvieron sólo 7 años tras las cuales se inició una política de catequización de musulmanes granadinos, ahora mudéjares, promovida por el primer arzobispo de Granada Hernando de Talavera y encargada por la reina Isabel de Castilla.

Ya hubo conversiones de musulmanes al cristianismo en plena época de la Guerra de Granada, por ejemplo la de Yahyà an-Nayyâr, primo de Boabdil, que se convierte como Pedro de Granada o la de Isabel de Solís (Surayya o Zoraida, en árabe) y sus dos hijos habidos con Muley Hacén.

Talavera basó su postura en acercarse a los musulmanes desde la prédica en árabe e intentó hacer accesibles en esta lengua semítica por ejemplo las oraciones principales como el Ave María o el Padre Nuestro a través de pequeños manuales o cuadernillos en un principio escritos a mano.

El propio Talavera aprendió en sus ratos la lengua árabe que si bien no llegó un nivel bilingüe si le permitió poder entablar conversaciones y hacer sencillas prédicas a algunos de estos musulmanes.

Basó su postura en acercarse desde la comprensión y el debate y con trato amable y paciente  a los alfaquíes y líderes de las comunidades musulmanes locales para con su ejemplo conseguir las conversiones del resto de estas poblaciones, pero el resultado fue muy limitado: Conversiones las hubo pero en unas pocas decenas  (Alonso Fernandez de Madrid habla de sólo 100), aunque eran sinceras. Talavera además, trató de integrar a estos neoconversos ex-musulmanes  dentro de la comunidad cristiano-vieja granadina, pagando de su pecunio los gastos de alojamiento y manuntención de estos nuevos cristianos.  Su comprensión y su visión más abierta y respetuosa hacia el Islam granadino le hace merecedor del respeto de la Comunidad Mudéjar quien le llamará “el Santo Alfaquí.”

Sin embargo, Talavera es desplazado por Cisneros en su labor de catequización al no obtenerse los resultados deseados y la politica evangelizadora hacia los musulmanes granadinos se hizo por métodos entre la violencia y el soborno con regalos.  Se logró gracias a la donación de regalos y bienes habices algunas conversiones dentro de la élite religiosa y nobiliaria.

La consecuencia fue que ciertos convertidos, para demostrar la   sinceridad de su conversión, cerraron varias mezquitas, haciendo más difícil la  práctica del culto islámico; esto, unido al trato que dispensó a los elches o musulmanes de antiguo origen cristiano fue una combinación explosiva que trajo las sublevaciones primero en el Albaycín y después por todo el reino de Granada y que culminaron en 1501 con el edicto de conversión forzosa al cristianismo para todos los musulmanes de Granada sin excepción y en 1502, para los mudéjares del resto de Castilla, como ya se ha explicado en otros hilos.

La catequización de estas nuevas comunidades neocristianas y araboparlantes se planteaba ahora como un reto a gran escala. Había pocos predicadores de origen mudéjar o judío que pudieran predicar a los musulmanes, Juan Andrés por ejemplo. Para suplir esta carencia se cambia de estrategia y se planifica un nuevo rumbo en estas catequizaciones comenzando por la enseñanza de la lengua árabe a nuevos aspirantes a ser catequista entre los musulmanes.

Se crea a tal efecto bajo el auspicio de Hernando de Talavera el Colegio de San Cecilio con aulas para enseñar el árabe a los predicadores y catequistas y encargada también de la traducción de estas oraciones, textos litúrgicos y de la Biblia así como de la redacción de manuales. Entre estos catequistas destacó en Granada la labor de uno de estos miembros de San Cecilio, del entorno de Talavera, Pedro de Alcalá, fraile jerónimo.

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Gramática Árabe-Española.

En 1501, Pedro de Alcalá, de quien apenas sabemos que era del entorno de Talavera y que era confesor del arzobispo de Granada, compila varios de estos manuales que sin duda circularon como libelos de pliego, pequeños cuadernillos escritos a mano para llevar en sus viajes misioneros. Estos  manuales redactados en el Colegio de San Cecilio y  en otros lados, se imprimieron en 1505 en dos volúmenes complementarios:  El “Arte para aprender ligeramente la Lengua Arauiga”  y el “Vocabulario in Arabico”,  ambos compilados por Pedro de Alcalá,  que seguía las tesis talaverana de predicar desde el respeto, entendimiento y la conciliación.

En el prólogo escribe:

«…y tan crecido prouecho a los  proximos y non menos alos nueuos conuertidos a nuestra sancta fe catolica : que alos viejos cristianos, que tanta necessidad tienen de ser predicadores y maestros dello .  Y assi como los aljamiados (o cristianos viejos: puede por esta obra saber el arauiga. viniedo del romance al arauiga : assi los arauigos (o nueuos cristianos), sabiendo leer la letra castellana. tomando primero el arauiga, ligera mente pueden venir en conocimiento del aljamia.»,

que en castellano moderno es:

«Es muy sabio enriquecerse de nuestro prójimo, tanto de los recién convertidos a nuestra santa fe católica como de los cristianos viejos, que tanto necesitan convertirse en sus predicadores y maestros. De este modo, los aljamiados (o ‘cristianos viejos’) podrán, gracias a esta obra, aprender el árabe yendo del romance al árabe y los árabes (o ‘cristianos nuevos’) que sepan leer los caracteres castellanos podrán aprender rápidamente la aljamía pasando primero por el árabe.»,  toda una definición de esta política de Talavera.

El  “Arte para aprender ligeramente la Lengua Arauiga” y el “Vocabulario in Arábico”, son respectivamente los primeros manuales impresos históricamente de una gramática árabe-española y de un diccionario árabe-español  y entran también en la estela de estas publicaciones lingüísticas y a la vez humanísticas que inaugurara Antonio de Nebrija con su gramática de español con una finalidad claramente pedagógica y científica a nivel filológico. La primera contiene una gramática de la lengua árabe hablada de Granada y un catecismo o manual de práctica de la religión cristiana destinado a los musulmanes. En ella figuran, asimismo, algunas directivas dirigidas a los confesores cristianos. La segunda es un diccionario castellano-árabe hablado de Granada. Todo el vocabulario árabe de las dos obras está redactado en caracteres latinos, debido en parte a la dificultad para imprimir en árabe.

De Pedro de Alcalá poco sabemos,  ni siquiera su origen pues Alcalá hay muchas,  tal vez pudo ser un mudéjar converso al catolicismo como lo fuera Juan Andrés de Játiva y  del que sabemos era confesor de Talavera y de la misma orden monástica.

Para nosotros como arabistas, estos dos volúmenes son un tesoro muy preciado ya que recogen el habla dialectal árabe usado en la Granada nazarí, sus diferencias con el árabe clásico y su vocabulario.

El árabe granadino quedaría como lengua sólo del habla cotidiana especialmente en las zonas montañosas y más inaccesibles y el clásico, cada vez más corrompido, como lengua ritual de las plegarias islámicas en la clandestinidad. Su uso prosiguió tanto en el Reino de Granada como en el de Valencia.

En Granada como lengua de casa desaparecería hacia el 1567 para luego reaparecer como lengua oficial durante los tres años que duró la Guerra de las Alpujarras bajo Felipe II (hasta 1571).  Tras la deportación, bastantes de estos moriscos irían perdiendo el árabe para pasar al aljamiado, español escritos en caracteres árabes.

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